martes, 23 de junio de 2015

La inteligencia de las plantas

Los animales tenemos la libertad de movimiento que nos diferencia respecto a las plantas y que nos hace creer seres superiores. Pero la inteligencia con o sin movimiento forma parte de todo el universo biológico planetario. Sin embargo, como sucede con la historia, que siempre se cuenta desde del punto de vista de los vencedores, en lo que respecta a la inteligencia, esta también se mide exclusivamente, desde el punto de vista humano.
Tenemos evidencias que el lenguaje está presente en todos los seres vivos, aunque seamos incapaces de comprender su significado en la mayoría de los casos. Desde los delfines o las ballenas a las abejas y las termitas. Y por supuesto las plantas. Estudios recientes, como los del profesor Stefano Mancuso, muestran que las plantas tienen neuronas que se comunican con señales químicas, toman decisiones, son altruistas y también manipuladoras. Estas células asimilables a las neuronas animales se ubican en la punta de las raíces y de estas tienen millones. Son capaces de trabajar en red y definir estrategias a tomar. Las plantas, a falta de movimiento, se centra en cambiar su entorno cuando este se vuelve adverso. Son capaces de producir moléculas químicas para indigestar e incluso eliminar a sus enemigos, pero también sabemos que generan sustancias que atraen a los animales para que fecunden sus flores. Y lo más interesante es que cerca del 99,6 % de todo lo que está vivo en nuestro planeta son plantas. Por tanto, no es de extrañar que en realidad los animales dependamos de las plantas, hasta tal punto que nuestra salud puede ser modificada por sustancias vegetales. Las hay de sanadoras, tóxicas y alucinógenas. Con sustancias vegetales los seres humanos podemos modificar nuestro estado de conciencia. En fin, que sobran pruebas para afirmar rotundamente que las plantas tienen inteligencia y que nuestro respeto por ellas debería ser mayor del que les tenemos, desde los árboles hasta las hierbas anuales.
El erotismo de las flores
Entre las diferentes estrategias florales para propiciar su fecundación una de las más vistosas se basa en la atracción de animales y es la polinización conocida como entomofilia. Se considera un proceso en el cual las flores han desarrollado una asociación entre los insectos para que visiten sus flores y sean los vehículos del intercambio de su material sexual. Para ello las flores han adoptado formas atractivas para los insectos así como olores y sustancias alimenticias para ellos ya se néctar (sustancias azucaradas) o incluso el propio polen.

La flor del candilillo o frailillo (Arisarum simorrhinum, en la foto) son una verdadera trampa sexual. Foto: Fundación Tierra.
Las flores, pues han desarrollado un sin fin de mecanismos que suple la falta de movimiento de sus flores para lograr el intercambio de material sexual. Los atractivos de las flores (colores, aromas, etc.) para atraer insectos para su polinización y los mecanismos para que estos queden embadurnados de polen que polinice a sus flores o partes femeninas pueden llegar ser bien sofisticados. Desde la semejanza de las formas antes comentadas de las orquídeas del géneroOphrys, hasta las flores embudos. Pero no sólo los insectos participan en la polinización. Las plantas con flores han logrado también la implicación de aves (caso de los colibríes, por ejemplo) hasta murciélagos como sucede con algunos bananeros salvajes asiáticos. En cualquier caso, uno de los casos más sofisticados de entomofilia en la polinización lo ofrecen las flores de la familia de la áraceas. Pero a veces todas las estrategias florales son puro engaño. Sin ser conscientes los insectos se convierten en objeto del deseo de las plantas que de forma casi mágica los usan bien a menudo para su perpetuación hasta el punto que se calcula que la polinización por los insectos es uno de los servicios de la naturaleza más importantes en la agricultura.

La trampa sexual de las aráceas
Otras evolucionadas plantas como son las de la familia de las orquídeas han desarrollado bellas flores que se asemejan a insectos y cuando estos se posan sobre las mismas accionan mecanismos que los enpolva de polen y así cuando van a otra flor hay el intercambio necesario. Pero sin duda en estas estrategias hay una que es bien curiosa: el de la familia de las aráceas (plantas monocotiledóneas del orden de las espatifloras). Las aráceas son herbáceas, rizomatosas. En nuestro país, las más comunes son el aro (Arum maculatum) y el frailillo o candilillo (Arisarum vulgare y Arisarum simorrhinum). Sus flores son como una bolsa con forma de embudo o espata de la que sobresale un espádice en el que primero encontramos unas flores estériles, un segundo grupo de flores masculinas seguidas más abajo de flores femeninas. Por eso en realidad, no se trata de una flor si no de una inflorescencia, compuesta por diminutas flores masculinas y femeninas. La estructura que las envuelve (espata) a modo de embudo, no tiene otra misión que atrapar a los pequeños insectos para que cuando entren en su interior queden retenidos el tiempo suficiente para que pueda darse la polinizacion.

A la izquierda el Arisarum simorrhinum de flores pequeñas en comparación con la inflorescencia del Arum maculatum (a la derecha). Ambas especies se encuentran en la península ibérica. Los aros florecen de abril a junio en tierras húmedas y removidas (invasiva en algunos jardines). Los frutos maduran en el verano, quedando al descubierto al caer la espata y forman una espiga de bayas rojas. Foto: Fundación Tierra.
Las áraceas como el Aro y el Arisarum son polinizados por diminutos dípteros micetofílidos que son atraídos por el olor del espádice. Cuando estas pequeñas moscas caen dentro de la espata esta tiende a cerrarse. Las flores estériles con sus pelillos impiden durante unas horas la salida de las pequeñas moscas por lo que estas deben vagar entre la zona de las flores masculinas y femeninas que así conseguirán ser polinizadas. Estos pequeños invertebrados entran en las espatas atraídos por el olor. Recientes estudios con la cala negra (Arum palaestinum) se ha observado que atrae a los drosofílidos (moscas del vinagre) para que actúen como polinizadores emtiendo moléculas olorosas que se parecen a las que se producen durante la fermentación alcohólica de la fruta podrida, sin embargo, la cala negra las engaña porque imita el olor a levadura pero no les ofrece levadura como alimento. Las moscas quedan atrapadas en la flor hasta que vuelve abrirse al cabo de 24 horas y cuando salen están igual de hambrientas. En todo caso, el hambre es también una estrategia para forzar al trabajo.
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Detalle del interior de la espata (e) del aro con la franja de flores estériles (a), las flores maculinas (b) y las flores femeninas (c). A su lado la misma estructura en el Arisarum.
El aro tiene la espata grande, pero en cambio el candilillo (Arisarum) son pequeñas, menos de 10 cm, pero la estrategia es la misma. Son flores bien vistosas y que entrañan una belleza cautivadora para cualquier amante de las plantas. Por eso, también las hay de jardinería como la cala o lirio de agua (Zantedeschia aethiopica). Para terminar el juego de estas inteligentes plantas, las semillas contenidas en sus bayas luego serán dispersadas por las hormigas.

La vida secreta de las plantas
Pero el mundo de las plantas es sorprendente en este campo, como ilustra de forma contundente el DVD deLa vida privada de las plantas del naturalista David Attenborough. La polinización definida como el transporte del polen desde la antera de los estambres u órgano masculino al estigma del gineceo del órgano sexual femenino. El Mundo de las plantas tiene literatura más que abundante, pero, en cambio la serie documental de David Attenborough es un documento audiovisual único. Usando técnicas de filmación rápida podemos apreciar algo tan insólito como el movimiento de las plantas. En fin, que tenemos pruebas más que suficientes de la inteligencia de las plantas. Una inteligencia que además desde la noche de los albores de nuestra civilización también tiene su espíritu. Los druidas, los chamanes fueron los estudiosos de las enseñanzas que ofrecían los espíritus de los árboles y las plantas. Pero, este es otro tema, aunque igualmente mágico. El escritor Oscar Wilde dijo “es muy triste que la inteligencia dure más que la belleza”, pero reconociendo la belleza de nuestra Tierra comienza la conciencia.

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